Es aquel concierto el que limita la muerte del héroe y la deconstrucción del mito. La cláusula necesaria del mito es formar parte del pasado. En aquella gala, como se conoce a los bolos en el mundo del artisteo profesional, no hicieron falta máscaras excesivas ni noche infinita para comprender que el sitio, el nuestro, estaba sobre la arena. Hubo un tiempo en que pensábamos que nuestro lugar residía en los escenarios, pero aquellos tiempos se consumieron. Desaparecieron. Fundidos en una suave melodía imperecedera, rememoramos a los viejos aviadores nipones. En silencio. Cantamos todas las canciones de un disco completo que nos acompañó al suicidio. Durante años decidimos suicidarnos cada fin de semana. Ahora puede que estemos muertos, que no seamos más que hermosos cadáveres en la densidad inhumana de la tarde. Es aquella tarde, sin ir más lejos, cuando supimos que aquel verso podría ser cierto. Aunque me resisto a creerlo todavía.
PETISME Y SUS POEMAILS EN 'EL CULTURAL'
Hace 1 hora.
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