La brasa de las brasas,
Mamá Ladilla
Mamá Ladilla
Estudié Publicidad. La máxima de la publicidad es muy fácil, el que quiera publicidad que la pague. Las Web no son un cartel y los blogs no son un tablón de anuncios. Se supone que hay que tener en cuenta la interactividad, los contenidos en línea, las líneas de código. Es más fácil de lo que parece. En tiempos, nos dedicábamos a cambiar cromos. Yo te cambio a Bakero si tú me das a Koeman. No, es que Koeman vale más que Bakero, así que dame a Bakero y a Nadal, qué menos. Eran meras trasacciones. Ahora jugamos con valores intangibles. Se habla de visitas, de visibilidad en los navegadores. Se trata, en todo caso, de aprovechar al que tiene más tirón para conseguir más impactos. Cada impacto tiene un precio en publicidad. Depende del soporte, del formato, del mensaje. De la inversión. Hemos olvidado el dinero en un mundo manejado por el dinero. Nos lo han quitado de la cabeza con palabras como gratis o libre. Es lo que se lleva ahora. Miles de correos basura recorren el ciberespacio. Miles de cuentas que estallan en la inmensidad del 1 y el 0. El códigos de velocidad luminosa. En ítems de on y off. Algunos de esos correos llegan directamente a la carpeta de spam y desaparecen en medio de la nada. Otros, vienen firmados con nombres y apellidos. En el asunto: medrar. Entre oculto. Resalta la importancia pero no se ve, así es más fácil conseguir el objetivo.



