2.5.15

De aquellas escuchaba a Los Rodríguez


Concreté la fecha de mi muerte

Extremoduro


Desvalido como un verso obvio de Sabina
en mitad de una canción,
sudoroso de día y de noche.

Los termómetros nunca serán amigos,
trompetas de oro con acabados brillantes
para anunciar la muerte anunciada.

Quise volar y no pude.
Quise ser el dios de la noria, 
el chico duro de los coches de choque
y comer chicle junto a las pijas del insti.

Y no pude.

Me detuve al borde de la fiebre
y sentí a Gallardón excavando túneles por mi garganta.

Me detuve al borde de la fiebre
y comprobé que un buen día todo esto tendrá un fin.

De nada servirán los libros ni aquellos polvos de madrugada
o los viajes al sur y las series épicas en la épica del sofá.

No quedará el kalimotxo ni los discos de vinilo
pero el rock no, eso no podemos perderlo.- dijiste.

Con mensajes así, quién quiere aparecer en las camisetas.

21.4.15

Neruda y la búsqueda de almendros en el desierto



Capaz de encontrar flores en un desierto,
así trasplantabas las macetas,
una a una
en busca de una nueva esperanza.

Los frágiles tallos eran vástagos para ti,
primogénitos a los que cuidar
hasta lanzarlos al verano,
a la edad madura.

Y luego abandonar como abandonamos a Pessoa.

Creemos en las divinidades
y en Roberto Brasero
porque a ellos pertenece el reino de las lluvias
y las tempestades,
los barcos hundidos y la tragedia.

Nos entregamos a las danzas tribales
y buscamos el amor en las raíces,
el agua desfilando entre la tierra
hasta llegar al núcleo.

Odio a Neruda y los almendros.


Todos sabemos que las cerezas tienen más futuro.

16.4.15

Ardimiento, lectura primera e inconexa



Una sola sombra
nos dio cobijo

y ardimos en la linde de los municipios.

Los perros seguían nuestra estela
como nosotros a los pilotos
allá arriba
como los conspiranoicos las hipotéticas fumugaciones masivas

con la vista. Calmos.

Nuestras botas descifraban el futuro
y sabían a cerveza,
a espuma blanca de sal y letargo.

Después de veinte kilómetros no quedará nada, dije.

Después de veinte kilómetros, nosotros, la fiebre y los barcos a punto de hundirse, dijiste.

Regresamos a casa y olvidamos a Kerouac
en el fondo del armario.

No hay camino suficiente para resistir mi ritmo.

Ahora duerme el sueño dulce del peregrino.

Un romero se inmola en mitad de la pradera.

Desde aquí puedo ver el humo, piensas.


Mientras, preparo la cena. Y, sediento, bebo de ti.

26.3.15

Tríptico de la verdad y la disolución: una esperanza


I

Escribo sobre las cosas pequeñas
los saltos olímpicos en el colchón
y los derrumbes sudorosos de media noche.

Un juego son dos variables. Dos posibilidades
si desterramos el baloncesto
como hicimos siempre.

El dolor y la muerte en el anverso
de la moneda.
Insert Coin si quieres jugar otra partida.

II

No hubo viento ni lluvia montada
en aquella bicicleta.

No hubo enfermedad ni castigo,
un hilo de lástima,
de progreso mal entendido
e ilusión desbocada por la novedad.

Avances de la pasada temporada a precio de saldo.

III

Por más que escrutes el mapa del tiempo
y las piernas de la presentadora,
por más que afines el oído en busca del anticiclón
y las bajas presiones,
este sol ficticio arde a lo lejos.

Su fuego no nos pertenece.

No nacimos en el país adecuado
para resolver el acertijo del clima.

Una bufanda te acompaña
mientras soñamos en moto
embalsesplayasembarcaderos.

Un verano que no llega o un verano que se fue.

Surfea las olas de la debacle
y acércate al fuego
al ardor
a la cena picante de barra de bar
y conversación amistosa.

Lo llaman rutina. Y no lo es.

Grita vida, amor, sólo así invocarás
las cenizas de otro agosto duradero.

Espeso y quebradizo como la fruta
del almendro.

21.3.15

El país de la oportunidad interpretado a cuatro manos -bis a bis- a ochocientos kilómetros de distancia. Juntos casi.



Te levantas en mitad de la noche
y mi sueño se resquebraja.

Soy intrascendente sobre dos metros de materia
viscoelástica/ solo.

Giré el mapa y condicioné la lectura
al azar:
los resultados sin lógica expulsan el aburrimiento.

- Buenos días, señor Ballard –dije.

Pienso en una pareja anónima en un anónimo piso franco de Barcelona.
Leen El país de la oportunidad tumbados,
es tiempo de ternura y aprovechamiento de recursos.
Puro marketing o amor.

Descifran las claves, sus canciones latentes,
su aliento con aroma de urgencia. De peligro.

Nosotros lo hicimos tiempo atrás
 cuando creíamos en un amor de forma lacónica,
de revisión, de arte de vanguardia.

Las buenas historias siempre terminan mal, pensabas,
sin reparar en la importancia del The End en sí mismo,
en los puntos y aparte, tan feos sobre la oración como 

necesarios.

Ahora veo aquel solar y pienso en derribar las ruinas
para construir una casa.

La excavadora es tan útil como el albañil,
el resto le pertenece al cemento
y a las densas arenas de las profundidades del río.

Las manos.

La sustancia efímera de los versos.
Eres un encanto, baby.

Ahora invito a los vecinos a acostarse junto a nosotros
sin miedo.
Porque no es miedo simplemente miedo
es la oportunidad.

Aquella que imploraba y ahora mastico.


Saliva. Líquido. Play.

5.3.15

Breviario del fin del mundo o los diarios secretos de Julio Llamazares

Foto E.D.V.

No estamos en el circo pero
tú danzas sobre el cable con vehemente equilibrio.

Una suave brisa, la misma que hace avanzar las noticias, nos aleja
del wi-fi y los servicios de emergencia.

A tus pies solo vacío, medio centenar
de metros sin pausa ni mesura.

La belleza es tan inútil en algunas ocasiones.

El miedo se adivina en tu cara y en los tópicos
cuando el puente que atraviesas se somete al tiempo,
al abandono, al cliché obsoleto de la ingeniería
o al Tratado de Maastricht y otros convenios comunitarios.

Nadie ha caído rendido en esta sima, sólo mi miedo,
esa soga semielástica que me lanza a intentarlo y a rendirme.

Sin muertos no hay batalla, digo, pero yo no quiero ser el cadáver
de este banquete dominguero y vegetal.

Admiro tu valor. Imagino tu cuerpo desprendiéndose raudo
hacia ninguna parte y el arroyo del final del mapa
no servirá de colchón para follarte ni salvarte la vida.

El crash sería irreversible, como si algún crash no lo fuera siempre.

La voluntad lo puede todo y pienso en Hitler y en los tanques,
en cómo escapar del laberinto de vías, piedras y paisajes idílicos

del infierno.

Yo regreso por la senda de los cobardes, agazapado, arrodillado
entre los charcos y la maleza.

Tu mano es mi aliento. Tu mano todo lo puede.

Abandonas porque sabes que tu sitio está aquí, en este lado,
porque peligro ya no es tu segundo nombre
y sabes -y yo también- que podrías haber cruzado este puente
y todos los puentes hasta las puertas doradas de la ciudad de Seúl 
de habértelo planteado.

Pero no lo hiciste. No.

A cambio hablamos de las consecuencias. De las compañías de seguros
y de renfe o el gobierno.

Se aproximan elecciones. No es tiempo de heroicidades.

22.2.15

Breviario de la beat generation


Un concierto inolvidable/ siempre empieza en FA/ y con las luces apagadas./ 

El motor arranca a la primera/ no conoce el Sistema/ Windows 7/ Internet Explorer/ y nos lanzamos a la carretera/ mi bandera ondea al final de febrero/ osos que salen de la cueva/ avispas en vuelos circulares sobre el niño rubio del parque/ o la gaseosa.

100 kilómetros por hora es una cifra/ sin sentido/ significado/ ruido/ si no valoras la superficie/ el territorio/ España./ Sin asfalto no hay paraíso/ sin sexo de madrugada las cosas se vuelven triviales/ Eduardo Inda en La Sexta/ amenazas en la prensa del domingo/ y otro fragmento del mapa/ pendiente para el descubrimiento/ o el tachón/ Monkey Island/ vida.

Prados verdes/ caballos salvajes en la yerba/ enamorados en el filo del arroyo/ caminos tangentes/ mechas consumidas/ fotografías seriadas sin nada que contarnos./ Voy en moto porque no llegan las ondas/ solo tu tacto/ tu gesto amable en mi cazadora/ es el fin del invierno/ otro acorde en SOL para finalizar/

/ comienzan los bises.

21.2.15

Breviario de la vejez Vol. I


Guardo arena en los zapatos/ tras salir de noche.

Neones apagados/ servicios de emergencias sin cobertura/ pizza al microondas/ los niños acostados y el teléfono/ cargando en la cocina para jugar otra partida al Candy Crush Saga/

Reconocí en ellos aquellas canciones de juventud/ miré sus caras/ sus pasos atormentados sobre los adoquines/ el humo que exhalaban sus bocas pastosas/ y sufrí/ cierto sentimiento de culpa/ condescendencia/ no quiero engañarte/ cierto alivio al ver cómo pagaban sus consumiciones/ me supe burgués/ los trenes/ las revoluciones en el Canal de Historia/

y al fin nosotros/

esperábamos al amanecer como un matemático ruso espera el cambio de paradigma/ el premio Nobel/ el deshielo/ los alpinistas que observan los urales desde el Volga/ y pedimos otra copa/ asumimos el taxi para cumplir las leyes/ las normas básicas de convivencia/ la carta magna/ y ascendimos las cumbres de la madrugada/ creyendo que los relojes mentían/ que los diarios mentían/ cuando la única mentira/ santo y seña/ éramos nosotros/

somos viejos/ supe de repente/ la música se apagó y enterramos los cadáveres/ el napalm/ el olor seco del invierno/ la flor tratando de levantarse entre la escarcha/ y regresamos a casa/ despacio/ por once dólares con setenta centavos/ y nos despedimos con calma/ un portazo en el coche despertó a los animales/ los perros/ gallinas/ ancianos

y miré al cielo/ te di la mano/ entramos.

Y supe que mañana/ por hoy/ saldría el sol./ El sol de una nueva juventud
//Play

14.2.15

ANGUSTIA – JOSÉ ÁNGEL BARRUECO



La última entrega de Barrueco es, hasta ahora, su obra más completa. “Angustia” es la segunda entrega de la trilogía en la que trabaja el autor desde hace años, un libro en el que indaga en los caminos abiertos en su anterior volumen: “Asco”, pero que supone un espaldarazo a una forma de narrar, de sentir la literatura y la vida, que cobran especial vigencia ahora.

“Angustia” se divide en varias capas. Por un lado, narra el cáncer de su madre, Ana Franco, y cómo esta enfermedad fue devorándola poco a poco hasta consumirla. Son inevitables los sucesivos homenajes y recuerdos a una gran mujer con una personalidad arrebatadora. Y la forma en la que Ana entendía el arte y la vida, son inseparables de las percepciones y hábitos de Barrueco.

Pero el libro no es una radiografía de la enfermedad, aquí la relación entre los hermanos es casi un personaje en sí misma, un eje sin el cual, la novela no transmitiría lo que transmite: Esperanza, lucha, ganas de vivir. Discúlpenme los tópicos y los lugares comunes, pero en la muerte, en el desconsuelo, todos nos parecemos mucho y no cabe sitio salvo para lo trascendente.

Si Barrueco es literatura, y lo es en toda su extensión, sus novelas no pueden evitar serlo, no por la forma en la que están escritas, que también, sino por el velado y continuo homenaje al arte que encontramos, más presente y necesario que nunca en este libro. Las citas que acompañan prácticamente cada página son parte del entramado, de la historia y nos ayudan a comprender la enfermedad con todo detalle, pero también las relaciones personales o los sentimientos que provocan ambas. Una sucesión de citas que funcionan como análisis metaliterario, al más puro estilo de Foster Wallace -homenajeado en “Asco” sin ningún tipo de disfraz-.

Es una lectura compleja que mezcla algunos pasajes de auténtico humor (al inicio del libro narra cómo el protagonista se pierde en los cementerios buscando las tumbas de sus autores de cabecera para rendirles tributo y arrastra, inexorablemente, a su pareja, convirtiendo un día de turismo centroeuropeo en un suplicio de cansancio y locura) con pasajes, capítulos enteros, donde las dudas, el dolor y el vacío se apoderan de él, presagiando la muerte, arrastrando las lágrimas hasta los ojos del lector, entregado para entonces a las escasas esperanzas de salvación de A., personaje principal del libro.

Pocos libros me han hecho disfrutar tanto de la literatura mientras me daba punzadas en el costado, mientras hacía brotar mis lágrimas. Desconozco si el componente humano y el hecho de conocer a la mayoría de las personas citadas han hecho que tomara el libro de un modo más personal, pero creo, sinceramente, que conseguir esa mezcla de sensaciones es algo realmente complicado.

Sin embargo, el libro alberga una canción de cuna, un canto a la vida, un mensaje de esperanza que subyace en la historia paralela, tal vez secundaria, la historia que Barrueco filtra sobre el alumbramiento de su primer hijo, el niño que venía al mundo mientras A. lo abandonaba. Ese contrapunto es el que hace grande al libro, el que etiqueta todas las dudas del autor y justifica sus decisiones. Las dudas que su comportamiento puede levantar en algunos pasajes quedan disipadas cuando se confirma la buena nueva. El hijo, D., viene de camino. La vida, aunque duela, continua. The show must go on.

“Angustia”. José Ángel Barrueco, 2014. Ediciones Origami