18.8.15

La pausa o el destino de vacaciones más solicitado por los poetas


Comprendí que estar quieto
también formaba parte de la ruta.

Supe que desde estas cuatro paredes,
acompañado de Claudio Rodríguez,
trazaría todos los recorridos
-trayectos en líneas discontinuas rojas-

Cuánta lejanía puede soportar un cuerpo
y cuántas respuestas inconclusas
son necesarias
para delimitar los países y las comarcas,
para delimitarnos a nosotros mismos.

Entregad al viento
todas las botellas
y esperad al incendio forestal,
el humo siempre fue mejor mensajero
que el papel.

Cuando dominamos el fuego
dejamos de creer en los dioses.

Sé que vendrás conmigo,
ahora pensemos dónde.

8.8.15

Cómo cruzar una frontera



En ocasiones,
unas llaves olvidadas,
un detalle tan simple como ese,
puede cerrar una frontera durante horas.

Entiendes la lejanía con occidente
cuando la burocracia apenas es perceptible,
cuando las hojas de reclamaciones
no tienen validez alguna.

No existen.

Esa mujer tendida
es algo más que un cuerpo caído,
son sueños sobre el cemento negro
convertidos en territorio,
territorio en disputa,
otra excusa diplomática
para mantener el enfrentamiento,
para ralentizar los procesos un poco más.

Un juez acude al levantamiento del cadáver
y esperamos a este lado del puente.

Podemos ver Costa Rica,
un skyline de sombras y maleza,
de pájaros sobrevolándonos, vigilantes.

¿Qué nombre tendrá esa planta?
¿Habrá sido nombrada antes?

El puente divide el continente,
incluso a nosotros mismos y los tratados de libre comercio.

Los trabajadores del plátano reclaman
mejoras laborales y cierta dignidad.

El sudor alerta de la presencia de mosquitos,
de la cercanía del paraíso.

Un río, sólo eso –me digo
y una fotografía
y un cadáver
y un puente
y gritos de protesta en las inmediaciones

y, al fin, unas llaves.

Un tintineo suave que aviva los nervios,
un motor en la montaña

un reloj que arranca otra vez.

Un cartel de bienvenidos.

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Estos días de planificación de vacaciones, recibí un comentario sobre una situación ocurrida en la frontera entre Panamá y Costa Rica. Patricia Prada, una vieja amiga, inspiró sin saberlo este poema. No iremos a Centroamérica, no, pero a veces una simple descripción puede hacerte sentir protagonista de una historia que no tiene nada que ver contigo. Se llama literatura. Y es una sensación extraordinaria.

23.7.15

Calor es un título muy Vilas para un poema poco Vilas y muy Lou Reed: Berlín.


El verano estuvo sobrevalorado durante grandes lapsos del cretácico
las maletas pesaban
los garajes no daban cobijo
y los patios eran ruinas de tomates desglosados.

Entonces llegué yo.
Y fue verano algún tiempo más tarde
por riguroso capricho del calendario
y de las estrellas (del rock).

Y sobraban las sábanas.
Y sobraban las ropas.

Y sobraba menos el hielo
cualquier otro sedimento o material incandescente.

Anoche
un viento quebradizo
espantó a los pájaros
hizo maullar a los gatos
los niños lloraron
y algunas ancianas permanecen insomnes
desde entonces.

Oh verano
candor adolescente
fulgor milenario
núcleo
magma

sueño

20.7.15

Pizza gratis para los amantes: velocidad = espacio / calendario de guardias


Ciudades que se repiten en varios territorios
y plagas que avanzan devorando los maizales.

El pizzero es el animal más rápido de nuestro tiempo
y luego estás tú,
capaz de regresar a tu centro de trabajo
apenas recién llegada.

Aterrizas cual helicóptero sobre la piscina
del Doctor Muslow,
emergencia máxima,
las llamas corretean infantiles
entre los eucaliptos y el monte bajo,
entre la estampida y la abrasión.

Crema solar factor de protección cincuenta.

Las noches sin ti son noches de otro tiempo,
la pizza y la velocidad no cambian el curso de la historia
ni el recuerdo fugaz de tu visita.

No conquistaré Stalingrado hoy.
No derretiré las nieves de las cumbres.

Apenas seré capaz de aniquilar esta cerveza
y esperar,
esperar a que el humo se diluya
y las hélices tumultuosas del cronómetro
se detengan un momento.

Amanecer. Alborada. 
Júbilo en la plaza del pueblo.

Cenizas. Fiesta tal vez.

15.7.15

No puedes ver Tulsa, Oklahoma, desde este lado del firmamento




Quisiste ser la primera en conquistar Plutón
y equivocamos las coordenadas.

La NASA se te había adelantado
y no pareció importarte.

El norte siempre queda al otro lado del muro.

Puede que esta sea la autopista más concurrida que conozco –dijiste
un solo carril de ida no es una válvula de escape
o una ruta de comercio garantizado.

No vimos a Marco Polo, pero sí los camellos.

Por ti me aprenderé el firmamento, dijiste,
me bastaba la vía láctea e identificar la estrella polar.

Allí está el oeste, tan lejos como puedas imaginar.

Aquel punto de brillo imperceptible
somos nosotros hace trescientos años:

velocidad de la luz/ espacio tiempo en plano secuencia/ la muerte/

la historia nunca mira hacia delante
sólo una oda al amor efímero

14.7.15

Descarga gratuita. Emociones de 125 centímetros cúbicos



Apretar la oreja
y estirar el diccionario
o el difuso horizonte de mediodía.

Nomenclatura y tecnicismo,
protocolos de inseguridad
para mí desconocidos:
levantar la mano y someterme al foco,
sacar el pie y perder el contacto
como en aquel tiovivo en Kiev,
una lejana noche de 1991.

Eres
Ronaldinho, pregunto bajo la bala
y de frente a más de cientoochentakilómetroshora 
lanza hace su gesto patrocinado:
sonrisa Profindet or Just Do It.


Agradecido
sueño con un padre y un hijo
aplaudiendo desde lo alto del puente
como enemigos del Bernabéu.

Los gestos, los pequeños gestos,
son los que nos mueven,
los que hundirán al pueblo griego.

Los gestos del abismo.

El calor deshace cuanto agrede:
nos refugiamos en el agua del pantano
y brindamos en silencio,
el viento del Sáhara no ha llegado,
pero ahora sabemos que el infierno ha vuelto.

No llevamos radio a bordo
para cantar heavy metal
ni rotuladores Eding para fabricar
tatuajes con sabor adolescente.

Alegría y ardimiento en esta playa de interior.

Tute y miradas cómplices,
chistes,
caleidoscopios multiculturales,
quizá racistas,
a este lado de la marea.

Voy a pasarte la mano por la cara, dices.

Necesitaré al azar,
la ruleta o la pistola.

Seis muecas en el revólver,
una bala
y el acelerador en la mano derecha.

No dispares aún.
Aguarda.
decidamos antes

si volver a casa.

14.6.15

Soviets, Esperanza Aguirre y una canción de Luis Brea


"Mis dedos tocaron años de evolución"

Luis Brea

Tal vez un día deje de llover
y nuestro sueño veneciano se esfume sin remedio.

Acaso las barcas pasto de los juncos
mantengan el recuerdo de un lugar efímero
como los imanes de la nevera
o las tarjetas postales con remitente desconocido.

Escuchabas fascinada
y tu vodka ironizaba sobre Esperanza Aguirre
y el poder de los Soviets
-todo, recuerda, absolutamente-

Convertimos en mito a Luis Brea
por unos minutos,
jugamos al fanatismo y a las quinceañeras
apostadas a las puertas del Barclaycard Center.

La cerveza. Los jueves. La lluvia.
¿Está seguro de borrar los archivos temporales?

Fuimos protagonistas del verso cantado,
de la palabra dicha,
de los conciertos suspendidos y las guitarras acústicas.

Nuestra fortuna no tuvo final.
Puede que veamos el sol en apenas unos minutos.

Si cierra el paraguas se perderán los cambios. 

¿Desea continuar?

4.6.15

Charles Simic en la gasolinera


Aquel hombre de la gasolinera podía haber sido yo mismo/ nos miramos/ en sus cuencas escrita la biografía de un desaparecido/ sin rostro/ alguien capaz de dejar atrás su antigua vida/ para vivir/ para no interpretarse a sí mismo/ y quedar reducido a un personaje/ tal vez Jorge o José María o Enrique/ he ahí la única hazaña auténtica/ del hombre de hoy/ huir del no y buscar un nuevo hogar en las semillas/ en el agua/ en el amor// No hablamos/ no cruzamos una triste sílaba/ como siempre/ yo llegaba cuando el mundo parecía marcharse/ y eso me reconfortaba/ creí en mis posibilidades/ recité a Simic de memoria/ vislumbré los proyectos/ el sonido acompasado de los cardiogramas// Volví al coche// Emprendimos viaje// Este verano los calendarios nos sonríen/ dijiste/ y pensé en el Madrid o el Barça y sus cómodos partidos de fin de temporada/ sonreímos/ aceleraste/ como quien toma el volante por vez primera/ intermitente/ atrás aquel tipo que se parecía a otros tipos como nosotros/ atrás Simic y Luis Cernuda/ atrás el litro de gasoil a 1,18// delante las bestias/ los campings/ los cuadernos vacíos que esperan pacientes/ al verso derramado/ a la metáfora cautiva// delante el viento golpeaba tu cara/ los 90 kilómetros por hora/ la ausencia de prisa/ de frío/ de temperatura// ¿Quieres escribir esta página en blanco conmigo?/ pensaste/ pensé// sí// no hay otra posibilidad//

1.6.15

Canciones del fin del mundo a quemarropa (I)


Escuchábamos rock and roll a todas horas
y resulta que el fin del mundo
estaba ahí fuera, en el último milímetro
de aquel camino pavimentado.

La bruma nos impidió ver Argentina
desde la orilla,
pero sentí enormes deseos de bailar un tango
con el humo de las botas al fondo,
con el olor a queroseno pisándonos los talones.

No vinimos hasta aquí por nada en concreto
y eso es lo que hizo especial la visita.

La noche amenazaba como tormenta en la selva,
cielos plomizos a punto de caer
como las viejas baladas de los Scorpions,
siempre en el límite,
siempre a punto de ser pasto de la radiofórmula.

Me habría gustado sentarme y esperar la vejez
o las enfermedades o los animales camuflados en el acantilado,
pero siempre contigo.

No concebía el fin del mundo sin ti,
mucho menos ahora que ya sé dónde está.

Sube el volumen. Cantemos hasta que amanezca. De nuevo.